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Mi
equipo
Esta sección hace un
breve repaso a aquellos telescopios y accesorios que forman o han
formado parte de mis aventuras en la observación y la fotografía
astronómica desde mis comienzos hasta la actualidad en un periplo de
tres décadas (a fecha de 2004).
El
historial cronológico arranca en 1975 con un tubo de cartulina
rígido, una lupa de 70 mm y un ocular de microscopía que en conjunto, con muchas
ganas de observar y con un poco de bricolaje constituyeron mi primer
telescopio. Ni que decir tiene que aquello me enseñó más sobre el
mundo de la óptica, las aberraciones cromáticas y demás que sobre la
astronomía en sí aunque para un niño de 9 años con todo un universo
por descubrir era toda una sensación. Galileo debió sentir algo
parecido cuando miró por su primer telescopio que en diseño y
potencia no difería mucho del mío. Algunos meses después mis padres
se apiadaron de mí regalándome mi primer telescopio oficial: un
refractor acromático de sobremesa de 60 mm y 30 aumentos que
disfruté enormemente a pesar de sus limitadas prestaciones.
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Hacia
1980 un buen amigo de mis padres me dejó usar durante
varios años un telescopio reflector newton marca
Mizar de 10 cm y 1.000 mm
de focal sobre
montura ecuatorial que me introdujo de lleno en la astronomía y del
cual tengo un grato recuerdo por su buena calidad y nobleza de
imagen. Mucho se ha discutido sobre la calidad de los reflectores y
sus diseños pero este pequeño telescopio reunía dos cualidades que
justificaban las imágenes que ofrecía: su relación focal alta (F10)
que hacía más tolerante y fácil de corregir cualquier problema de
descolimación y la pequeña obstrucción de un 20% originada por el
espejo secundario. Sus imágenes de planetaria rivalizaban con
cualquier refractor apocromático de 10 cm. por el que haya podido
observar. Fruto de su calidad fueron mis primeras imágenes de
fotografía planetaria que me llevaron a ganar incluso un concurso de
astrofotografía promovido por la revista Tribuna de Astronomía
gracias a unas imágenes de Marte realizadas tiempo atrás con aquel
pequeño telescopio. |

Reflector Mizar de 100 mm f/10 |
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Corría
1988 cuando adquirí mi primer gran telescopio: un
refractor acromático
Vixen 90M
de 9 cm y relación focal F11 sobre montura ecuatorial Súper Polaris.
Su adquisición estuvo influenciada por mi experiencia con el
reflector Mizar de 10 cm. antes citado buscando una calidad similar
al anterior y una mejor montura ecuatorial. El resultado fue dispar:
mientras la óptica no cumplía mis expectativas (no porque fuese un
mal instrumento sino porque el pequeño reflector Mizar de 100 mm por
comparación puso un listón muy alto que el mito de los refractores
no pudo romper), la montura por el contrario se reveló como una gran
adquisición y ya motorizada me abrió definitivamente las puertas de
la astrofotografía manifestando un error periódico que me atrevería
a calificar de nulo, con un buscador de la polar fiable y que 16
años después sigue dando un perfecto servicio. Mientras que el tubo
óptico del refractor de 90 mm. lo vendí poco después para costearme
en parte una nueva adquisición, la montura Súper Polaris continúa
aún hoy dándome satisfacciones. Su única limitación es respetar la
carga máxima que puede tolerar para no degradar su buen
funcionamiento y este valor tal vez se pueda situar en torno a los
10 Kg de instrumental (excluidas las pesas).
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Telescopio Smith Cassegrain de 200 mm f/10

Kiev 88 y accesorios |
Principios
de los 90 y el refractor de 90 mm lo sustituí por un
Celestron 8 de 20 cm. Este
telescopio sobre la ya citada montura Súper Polaris me ha dado toda
una década de satisfacciones. Hay quienes dudan de la calidad óptica
de estos telescopios y podría coincidir con ellos en que no todos
los Schmidt-Cassegrain dan resultados parejos pero el caso es que
este en particular sí cumplía con sus especificaciones y en equipo
con la ya citada montura me permitió realizar con éxito mis primeras
fotografías de cielo profundo, algunas de las cuales ya están
publicadas en la Galería como son
M16,
M17,
M22, etc.
En 1997 adquirí una
Kiev 88. Para quienes no estén muy familiarizados con ella diré que
se trata de una cámara fotográfica de formato medio (sus negativos
miden 6 x 6 cm.) de origen ruso que conseguí a muy buen precio sin
confiar mucho en su posible potencial para la astrofotografía pero
que me abría las posibilidades de experimentar este gran formato de
fotografía a un precio mucho, mucho más asequible que el de marcas
como Pentax, Bronica u otras que quintuplicaban el valor de la Kiev.
Se trata de una cámara completamente mecánica con un objetivo de 80
mm F2,8, sin grandes lujos que imita en apariencia y a la perfección
a las Hasselbland excepto en su precio (seis veces mayor en estas
últimas aunque también va parejo en una mayor calidad y acabados).
Espero tener pronto un artículo que publicar analizando esta curiosa
máquina pero vaya por delante decir que me sorprendió gratamente al
permitirme obtener resultados como los publicados en la sección de
Gran Campo. Con posterioridad (2001) adquirí en el mercado de 2ª
mano un teleobjetivo de 300 mm F4,5 específico para ella y que hace
algunos años dejó de fabricarse. Este objetivo se ha revelado
especialmente útil en fotografía de formato medio de gran campo y
hoy día forma parte habitual de mi equipo cuando se trata de tomar
imágenes amplias de campos estelares o de cometas en formato medio
de 6 x 6 cm.
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Otra cámara habitual
en mi equipo es una Vixen X2 reflex de formato en 35 mm. Esta cámara
la adquirí a principios de 2000 para sustituir a una vieja Pentax
Program A que me ha acompañado desde los 80 pero que por un
desgraciado accidente dejo de ser operativa y hubo de ser
reemplazada. La Pentax no era una cámara especialmente idónea para
la astrofotografía pero tampoco era de las peores. Cuando hubo de
ser reemplazada, la elección de la Vixen X2 ya vino encauzada por
las necesidades y aptitudes idóneas de una cámara reflex adaptada a
la astrofotografía: un visor extraordinariamente transparente que
facilita enormemente foco y encuadre y un obturador completamente
mecánico que permite exposiciones todo lo prolongadas y en número
que se desee sin temor a descargar su batería ya que incluso sin
batería puede seguir funcionando en modo manual. La elección de esta
cámara también vino respaldada por el hecho de que su bayoneta es
idéntica a la de Pentax por lo que todos los accesorios y objetivos
de la anterior cámara eran completamente operativos en la Vixen. En
este sentido, otro accesorio realmente útil con el que cuento es un
teleobjetivo de 300 mm F4,5 marca Zenith de origen ruso adaptado a
las bayonetas tipo Pentax K gracias a un anillo adaptador de la
marca Hamma y que adquirido con ocasión de fotografiar al cometa
Hyakutaque en 1996 se ha manifestado como una herramienta increíble
en astrofotografía de gran calidad a un más que módico precio, lo
que atestiguan imágenes como el monográfico del cometa
Hale-Bopp o
algunas del
Hyakutake.
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Si bien el telescopio Celestron 8 al que he aludido antes me permitió introducirme de
lleno en la astrofotografía y realizar buenos trabajos también es
bien sabido que un solo telescopio difícilmente puede solventar
todas las situaciones o necesidades y con ello me refiero en el caso
que me ocupa a que un C8 presenta una focal de 2 metros lo que
representa campos fotográficos estrechos de aproximadamente 1º de
diámetro que es adecuado para alta definición y objetos pequeños
pero no para la fotografía de objetos extensos y además requiere
exposiciones fotográficas prolongadas por su relación F10
(típicamente de 40 - 60 minutos con películas de 400 - 1000 ISO).
Estas condiciones me llevaron en 2000 a decidirme por la adquisición
de un auténtico astrógrafo de campo amplio y mucho más veloz: un
refractor apocromático Takahashi FSQ 106 de 106 mm de diámetro y
relación focal F5 con un objetivo de diseño tipo Petzval de 4 lentes
con dos de ellas de fluorita que en mi modesta opinión y más tras
probarlo exhaustivamente debo decir que es probablemente el
mejor instrumento en su categoría con una calidad y
prestaciones extraordinarias como lo atestiguan muchas de
las imágenes de la galería de
Cielo Profundo.
Este telescopio es ideal para la
fotografía de objetos extensos y por sus modestas dimensiones y peso
es perfectamente adaptable a la montura Súper Polaris citada
anteriormente. |

Takahashi FSQ 106 f/5 |
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Su
relación focal F5 permite exposiciones de tan solo 15-20
minutos donde el C8 requiere 60 o más y el grado de
corrección cromática, contraste y saturación de color es
sobresaliente con un diseño óptico que permite incluso
la fotografía de gran formato con negativos de hasta 9 cm de longitud. Hoy en
día constituye con la montura Súper Polaris mi equipo
“ligero” que me permite desplazarme a cualquier lugar que se
precise buscando excelentes cielos o eventos especiales sin
engorros y exceso de peso para realizar magníficas
fotografías. |
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Takahashi Mewlon de 300 mm de sobre
montura NJP Temma 2 |
2004.
El sueño de todo aficionado a la astronomía es un
Observatorio Astronómico lo mejor pertrechado posible,
con las comodidades y el disfrute que ello conlleva y en
la consecución de tal empresa me encuentro inmerso en
estos momentos en respuesta a años de impenitente nomadeo
en la búsqueda de cielos estrellados y en la idea de disfrutar de un
telescopio de mayores dimensiones y capacidad instalado de forma
permanente, requisito previo para el asalto a nuevas metas como es
el mundo CCD. El observatorio en sí he terminado de montarlo a fecha
de escribir estas líneas (mayo de 2004) y su diseño radica en una
estructura de caseta rectangular de 2,50 x 1,85 metros con techo
corredizo ubicado en la azotea de casa. Un espacio que permite
situar en su interior un telescopio Takahashi Mewlon de diseño Dall-Kirkham
de 30 cm de diámetro sobre montura NJP Temma 2 robótica mas una
pequeña mesa de trabajo. Aunque en estos momentos me encuentro
inmerso en plena tarea de adaptación y prueba de todo el nuevo
equipo los resultados están siendo altamente satisfactorios y la
“primera luz” del telescopio habla por si misma con las primeras
imágenes webcam de planetaria tomadas y que se pueden ver en las
imágenes de Júpiter publicadas recientemente en la galería del
Sistema Solar. |
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Diferentes
vistas del observatorio astronómico |
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Se
puede observar el sistema de techo corredizo |
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No sabría
decir si la evolución de mi equipo termina aquí o nuevas
inquietudes pueden animarme a ir más allá pero si he de
recordar una frase que leí a los diez años de edad
escrita por Sir
Patrick Moore en su “Atlas del Universo”
en referencia a los telescopios al alcance de un
aficionado: “…. y el afortunado poseedor de un
telescopio reflector de 25 ó 30 cm habitará en los
cielos…” creo que entonces el sueño de aquel niño ya se
ha hecho realidad.

Emplazamientos
Resido en la isla
de
Ibiza, la tercera en dimensiones del
archipiélago Balear y situada en la parte occidental del mar
Mediterráneo a unos 90 Km de las costas del levante español. El
clima es templado con una temperatura media invernal de 14-15º
mientras en verano ronda los 27ºC. Goza de bastantes días soleados
al año con dos épocas más lluviosas que se sitúan en otoño y
primavera siendo casi inexistentes durante el resto del año.
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La población de la isla ronda los 100.000 habitantes de los que
aproximadamente 40.000 residen en la ciudad de Ibiza y el resto se
disemina por toda la isla. Esta población estable se ve enormemente
incrementada en los meses estivales dado que es un punto de destino
muy turístico y apreciado fundamentalmente por el turista europeo. |
Ibiza
es una isla poco polucionada a nivel lumínico y ambiental que
goza de bellos parajes y cielos muy adecuados para la
astrofotografía. Su relativamente baja población (especialmente
fuera de la época estival), los 90 km que la separan por el oeste de
las ya bastante polucionadas costas levantinas y los 200 Km por el
sur a las costas de Africa aseguran una calidad de cielo adecuada
para la practica de la astronomía en unos tiempos donde cada vez
resulta más difícil encontrar un lugar adecuado en la vieja y
excesivamente iluminada Europa.
La isla presenta numerosos lugares donde acceder a cielos de calidad
aunque por lo general me desplazo más en dirección sur por cuanto
que el eje de las principales poblaciones divide la isla por la
mitad de tal manera que al sur de este eje hay pocos núcleos
iluminados. De entre los emplazamientos que utilizo destacan dos por
sus peculiares características:
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Vista
nocturna de Ibiza |
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El denominado como la Atalaya,
un pequeño monte de unos 480 metros de altitud que no obstante
representa la mayor cota de la isla y desde donde se divisa
prácticamente toda la isla y la costa peninsular. Es de
relativamente fácil acceso y se sitúa a unos 28 Km de la ciudad
de
Ibiza. Su peculiar microclima hace que el peor lugar para
observar sea su cima donde frecuentemente y tras anochecer se
forman constantes bancos de niebla al ascender por su ladera sur
vientos húmedos procedentes del mar. Sin embargo unos 2 Km antes
de alcanzar su cima y en la cota de los 400 m. existen algunas
terrazas que raramente sufren ese fenómeno. Estas terrazas son
uno de mis emplazamientos favoritos. En el no es difícil
alcanzar en noches diáfanas magnitud 6,5 y sus horizontes se
encuentran libres de polución lumínica excepto en dirección
noreste donde las cúpulas de luz de
Ibiza y San Antonio afectan
su calidad.
La zona denominada como Cala d’Hort.
Una zona de acantilados de unos 40-50 metros de altitud
sobre el mar en la costa suroeste. Un paraje poco
poblado y de gran belleza desde donde se pueden ver las
mejores puestas de Sol sobre el mar de toda la isla y
donde en días de buena transparencia se divisan
claramente las montañas del litoral alicantino. La
presencia de un islote colosal, Es Vedra, de 400 metros
de altitud y paredes casi verticales a menos de 1000
metros de estos acantilados convierten a este
emplazamiento en algo especial. Es el lugar más alejado
en dirección suroeste de la ciudad de Ibiza de la que
dista unos 22 Km por carretera y sus cielos son
excelentes. La presencia del mar en dirección sur y
oeste asegura la observación de constelaciones y objetos
de declinaciones muy bajas para nuestra latitud como el
cúmulo globular Omega Centauro o la galaxia radiofuente
Centauro A entre otros. Como lugar para la observación
de cometas vespertinos no tiene precio.
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La Atalaya

Cala
d´Hort |
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Islote Es Vedra, Cala
d´Hort |
Finalmente el tercer emplazamiento que utilizo es obviamente el
lugar donde vivo: la ciudad de Ibiza. Resido en un barrio al
noroeste de la ciudad donde si bien es cierto que no gozo de la
calidad existente en los dos anteriores emplazamientos descritos
tampoco me puedo quejar ya que la ciudad es relativamente pequeña y
especialmente en invierno, cuando el consumo eléctrico en
iluminación se reduce drásticamente por el cierre de numerosas
urbanizaciones y servicios turísticos, no es difícil alcanzar en
noches limpias magnitudes estelares de 4,5 e incluso llegar a
discernir algún retazo de Vía Láctea sobre el cenit. Bajo estas
condiciones la observación de planetaria y algunos trabajos de CCD
son todavía accesibles.
Desde mis comienzos en esta afición he observado en numerosos
emplazamientos y especialmente en el levante alicantino y en
Andalucía oriental donde encontré lugares francamente buenos pero
debo reconocer que en los últimos tiempos la polución lumínica y el
desmedido crecimiento de muchas poblaciones han reducido la calidad
de algunos de estos lugares y en tal sentido la isla de Ibiza tal
vez sea aún hoy en día uno de los pocos reductos donde la práctica
de esta afición resulta agradable y cómoda toda vez que a menos de
veinte minutos de desplazamiento en automóvil se puede acceder a
cielos de calidad. |

Acerca de mi
Nací en Beniajan, un pequeño pueblecito de la provincia de Murcia
donde residí hasta los 9 años, momento en que por motivos laborales
de mi padre nos desplazamos toda la familia a vivir a Alicante y
donde comienza mi afición por la astronomía y por la lectura de todo
libro relacionado con ella. A los 18 años me marche a estudiar la
carrera de Farmacia a la
Universidad de Granada donde me licencio,
me doctoro y trabajo como profesor de química inorgánica por un
breve periodo de tiempo, entablo relación con la
Sociedad
Astronómica Granadina y una entrañable amistad con muchos de sus
miembros, comienzo mis primeros pasos en la astrofotografía y hasta
me quedó algo de tiempo para conocer a mi esposa. A los 27 años mi
vida laboral da un vuelco y me desplazo a la isla de Ibiza donde
entro a trabajar en un laboratorio farmacéutico que hoy dirijo. En
Ibiza
redescubro la astronomía y en especial la astrofotografía
gracias a sus cielos escasamente polucionados y a la facilidad y
comodidad de acceso a bonitos parajes donde practicarla. El
laboratorio farmacéutico donde trabajo pertenece al grupo de
empresas Tur Viñas que también cuenta con ópticas y con Científica
Balear, un comercio dedicado a material científico y de astronomía
con el cual colaboro y que me ha permitido a su vez acceder a
material, experiencias y al conocimiento de otros aficionados que de
otro modo nunca habría podido disfrutar.
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