CIENCIA Vs. PENSAMIENTO IRRACIONAL
AL FINAL DEL SIGLO XX
Año 2.001, el segundo milenio de la Era Cristiana acaba de comenzar. Dos mil años inscritos en quizás tres o cuatro millones de las últimas órbitas completadas por nuestro planeta alrededor del Sol, periodo en el cual hemos dado un salto cualitativo en la evolución hacia una forma muy elaborada de inteligencia, hacia una civilización de alcance planetario. Durante todo ese tiempo el hombre ha intentado hacerse idea de su situación en el mundo, de cual es su papel en el vasto esquema del Universo. Desentrañar las tinieblas de lo desconocido para alumbrar su propio destino y el de las generaciones futuras con un esquema cada vez más completo de la naturaleza. Pero este proceso no ha sido una secuencia ininterrumpida, sino más bien, una línea jalonada de discontinuidades que marcan los distintos momentos históricos y la noción del mundo imperante en cada momento.
¿Que papel ha jugado el pensamiento mágico en culturas precedentes?, ¿Cual es la frontera entre lo racional y lo irracional?. Está claro que un incompleto conocimiento de los mecanismos que describen los fenómenos naturales, es fácilmente substituible por inexplicables fuerzas más allá del control del hombre. En este sentido, cada momento del pasado ha marcado su frontera entre lo racional e irracional, que siempre ha existido un saber que ha permitido controlar, en más o menos medida, nuestro entorno, en contraposición a ideas que nos despojan de este control.
La Ciencia, como tal, y por extrapolación el método científico, es una adquisición reciente. Es nuestra más elaborada herramienta para desentrañar los misterios del Universo. Aunque si bien es verdad que el conocimiento científico no es la única forma de conocimiento, no podemos negar que gracias a el nos hemos posicionado muy ventajosamente al principio del siglo XXI. A pesar de todo, aún no nos hemos despojado de evidentes y desacertadas concepciones pasadas. Un claro ejemplo de esto es la astrología.
En las últimas décadas hemos tenido la oportunidad de acumular una ingente cantidad de información sobre que hay más allá de la atmósfera de nuestro planeta. El sistema solar al cual pertenecemos día a día nos muestra su verdadero rostro a la vez que su historia. Tenemos la certeza de otros mundos entorno a otras estrellas. Nos hemos acercado mucho al principio del tiempo. Y muy importante, tenemos una visión muy completa de las fuerzas que rigen cada rincón del Universo, y a pesar de que sabemos que nuestra visión cosmológica aún es incompleta, está claro que nuestro destino será el resultado de nuestra voluntad, de nuestra inagotable curiosidad.
La última frontera nos sitúa en el lindero de un universo repleto de sorpresas e interrogantes, pero en el que no caven oscuras fuerzas que rigan el destino de los hombres que se afanan por conquistar las estrellas.
A. Porcel
Secretario de la Sociedad Astronómica Granadina
OBJECIONES A LA ASTROLOGÍA
Científicos de diversos campos y astrónomos amateur estamos preocupados por el incremento en la acogida de la astrología en muchas partes del mundo. Nosotros pensamos que es nuestra responsabilidad prevenir al público sobre la aceptación incondicional de las predicciones y consejos dados privada y públicamente por los astrólogos. Aquellos que quieran creer en la astrología deberían saber que no existe fundamento científico para su creencia.En la antigüedad las personas creían en las predicciones y consejos de los astrólogos porque la astrología formaba parte de su visión mágica del mundo. Veían los objetos celestes como moradas y presagios de los dioses y por tanto íntimamente conectados con los sucesos que ocurrían aquí en la Tierra; no tenían idea de las grandes distancias que nos separaban de los planetas y estrellas. Ahora que esas distancias pueden ser y han sido calculadas, podemos ver lo infinitamente pequeñas que son las influencias gravitacionales y de cualquier otro tipo producidas por los lejanos planetas y las aún más lejanas estrellas. Es simplemente un error imaginar que las fuerzas ejercidas por las estrellas y los planetas en el momento del nacimiento pueden de alguna forma determinar nuestros futuros. Tampoco es verdad que la posición de los objetos celestes haga que ciertos días o períodos de tiempo sean más favorables para emprender algún tipo de acción, tales como negocios, trabajos, viajes.... , o que el signo bajo el cual uno ha nacido determine la compatibilidad o incompatibilidad en su relación con otras personas.
¿Por qué cree la gente en la astrología? En esta época de incertidumbres es muy reconfortante tener quien dirija la toma de las propias decisiones. Gusta creer en un destino predeterminado por fuerzas astrales más allá de cualquier control. Sin embargo, somos nosotros los que debemos enfrentarnos al mundo, y debemos darnos cuenta que nuestros futuros dependen de nosotros mismos, y no de las estrellas.
Imaginábamos, en estos días en que la cultura y la educación se encuentran muy difundidas, que sería innecesario desenmascarar creencias basadas en la magia y la superstición. Con todo, la difusión interesada de la astrología es cada vez mayor en la sociedad moderna. Estamos especialmente inquietos por la continuada proliferación de cartas astrales, predicciones y horóscopos por los medios de comunicación social tanto visuales como escritos. Esto solo puede contribuir al crecimiento del irracionalismo y el oscurantismo. Creemos que ha llegado el momento de rechazar vigorosamente las afirmaciones pretenciosas de los astrólogos charlatanes y el negocio generado por las predicciones.
Es claro que esas personas que continúan teniendo fe en la astrología lo hacen a pesar de que no hay ninguna base científica para sus creencias, y si hay una fuerte evidencia de lo contrario.
SOCIEDAD ASTRONÓMICA GRANADINA
INSTITUTO DE ASTROFÍSICA DE ANDALUCÍA (CSIC)
El texto precedente (Objeciones a la Astrología) tiene su origen en un documento original difundido por científicos (principalmente astrónomos y astrofísicos, aunque no en exclusividad) de EE.UU. El texto que aquí presentamos a sido traducido y adaptado ligeramente, fundamentalmente para incluir el apoyo de los astrónomos amateur.