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Un paseo por los planetas (el Sistema Solar de Zúrich)

Quienes piensen que la astronomía es una actividad exclusiva de las nocturnidades y ha de incluir un telescopio o aparato óptico no conocen lo extenso de esta afición y ciencia, y las formas que existen de acercarse a ella.


Este verano de 2023 he tenido la oportunidad de pasar unos días por Zúrich; la cuidad suiza ofrece muchísimos atractivos, todos revestidos en estos calurosos veranos por una temperatura menos extrema para realizar cualquier actividad. En visitas anteriores ya había tenido la oportunidad de completar uno de los recorridos bucólicos más altos del cantón, el "Planetenweg" (El camino de los Planetas) de Üetliberg. En una colina que se extiende por kilómetros hace más de cuarenta años la sociedad astronómica de Zúrich, de nombre Urania, construyó una actividad astronómica consistente en un Sistema Solar a escala que se extiende por diferentes paisajes a lo largo de unos siete kilómetros.


Como decía no era mi primera visita a esta colina, hace diez años visitando la torre de observación de este lugar me hablaron del Sistema Solar a escala que empezaba allí (yo ya lo sospechaba puesto que había visto la maqueta del Sol y las placas con los ítems del recorrido). En aquella visita sin tiempo para hacer el recorrido y bajo una ligera lluvia recorrí a contrarreloj los primeros planetas y me vi obligado a deshacer el camino y dejarlo para otra ocasión (me esperaban en el tren gente menos entusiasmada con el tema). La segunda visita la realicé unos cuatro años más tarde con el propósito de acabar el recorrido. Los compañeros de viaje en aquella ocasión me obligaron a hacer el recorrido en dos veces, en dos días distintos, dejando los últimos metros para el día siguiente. Pero en este tercer regreso triunfal de 2023 he podido realizar, no sólo el Sistema Solar completo hasta su último hito, sino la vuelta íntegra en lugar de coger uno de los trenes que me devolvía a mi residencia desde el punto final cerca de Buechenegg. Esta es la historia de este viaje por el Sistema Solar a escala de Zúrich.


Para llegar a Üetliberg desde Zúrich lo mejor es coger un tren que tiene su final de vía en el inicio del Sistema Solar en la parada Üetliberg; este tren puede tomarse desde la estación central de Zúrich (Zurich HB) y en prácticamente 15 minutos hace el recorrido; ya aviso que como atraviesa diferentes zonas de transportes nos veremos a obligados a ver como se encarece el billete ya de por si desacostumbradamente caro para lo que vemos en España (como todo el transporte en Suiza en realidad).


Existe la posibilidad de subir andando hasta el tope de la colina en un bonito paseo, pero dependiendo de nuestra resistencia física y el tiempo del que dispongamos es mejor reservar fuerzas para el propio Planetenweg. Otras opciones son el recorrido en bici, que si está permitido a diferencia del coche, puesto que Üetliberg es un parque protegido y la circulación de autos está reservada a unos pocos.


Para esta excursión llevé poco más que una botella de agua (que se puede rellenar en varios puntos a lo largo del recorrido), un bocadillo y algo para picar. Además de una gorra y una manga adicional, pero el día fue muy amable y no tuve necesidad en ningún momento de usarla, en manga corta se iba muy a gusto.


Una vez en Üetliberg es algo más sencillo todo, por lo menos dependemos de nuestra propia fuerza motriz. Nada más dejar el tren una amable cuesta nos irá dirigiendo al principal atractivo de las grandes masas de esta colina, el espacio que culmina el sendero, el pico Uto o “Uto Kulm”; donde, desde un mirador, podremos contemplar toda la ciudad y el lago. El lugar está señalado por un par de torres, una de ellas un repetidor de señales de la ciudad. Y por supuesto el mayor de los atractivos (para el público en general) es el restaurante y el bar. Pero si vamos a ver los planetas del Sistema Solar no llegaremos a alcanzar esta zona (de hecho yo sólo he subido hasta aquí una vez). A medio camino subiendo hacia el mirador nos encontraremos con la señal inequívoca del inicio del Sistema Solar a escala de Uetliberg, el Sol.


El Sol de esta "maqueta vivible" mide un metro de diámetro, lo que hace que la escala del modelo sea aproximadamente de 1:1.000.000.000 (uno:mil millones), y cada metro de nuestro camino represente un millón de kilómetros. El Sol de un metro está elevado en un poste y pintado de un llamativo amarillo, desde este punto podemos observar el resto de la cuesta con los tres primeros monolitos que contienen las tres primeras paradas (dos a la izquierda y uno a la derecha). Las placas que están bajo el Sol nos dan la bienvenida al Sistema Solar a escala, nos cuenta su historia y las características principales del recorrido. Junto a la placa de inicio veremos otra que se irá repitiendo en los diferentes hitos donde podremos leer las características físicas y de escala del cuerpo al que hemos llegado.


Sol de Üetliberg (1 metro de diámetro).


En este punto es interesante referir que a la escala que está diseñado el modelo nuestro andar a lo largo de él será más o menos equivalente al doble de la velocidad de la luz, es decir, romperemos una ley física al ir más rápidos que la velocidad máxima del Universo. Por suerte no viajaremos atrás en el tiempo ni nada parecido, pero es la primera enseñanza que nos regala el sistema de Üetliberg, que por grande que sea el universo existen límites en él y estos límites, como el de la velocidad de la luz, nos ponen en situación de cómo se desarrollan las cosas en el Universo. La luz se toma su tiempo en recorrer el Sistema Solar y mucho más en ir de una estrella a otra, en cruzar la galaxia o que la luz de otra galaxia llegue hasta nosotros.


Empezando el recorrido el primer hito pétreo nos aparecerá a los 58 metros, 58 millones de kilómetros recordemos, y será Mercurio. Los hitos del Sistema Solar están incrustados en estos mojones de piedra natural donde veremos en una pequeña pieza de metacrilato los planetas que no tienen prácticamente representación para que no se pierdan o se estropeen; Mercurio es un buen ejemplo puesto que mide apenas medio centímetro y lo veremos suspendido en el plástico transparente como un bolita de metal.


Más adelante nos encontramos con el hito de Venus, a los 108 metros, donde sí que veremos dentro del metacrilato una clara canica de más de un centímetro. Muy parecida a la que encontraremos a 150 metros del Sol, la Tierra, que en su mojón nos da la escala relativa con la Luna, separada en otro metacrilato. En este punto es donde aprendemos de nuevo otra gran lección, el tamaño relativo de la Tierra. El Sol podía parecernos más grande o más pequeño, pero al ver la Tierra de un centímetro de diámetro y pensar que vivimos ahí y lo que nos cuesta en tiempo o en medios recorrer aunque sea una pequeña parte de esa bolita es una lección de escala sobre lo pequeños que somos (en este relato del Sistema Solar uno puede fácilmente arrancarse recitar “Un Punto Azul Pálido” de Carl Sagan en cualquier momento).


La Tierra y la Luna a su tamaño y distancias relativas en capsulas de metacrilato.


Desde el hito de la Tierra será la última vez que veamos el modelo del Sol, puesto que el camino se bifurca en este punto; el sendero de la izquierda sube hasta el mirador que hemos mencionado (con las torres que nos servirán de referencia todo el camino) y el de la derecha nos lleva en descenso por otro camino hasta Marte.


Recorrer Marte y Ceres es entretenido y rápido (y cuesta abajo), la primera vez que estuve en Uetliberg encontrarlos tan rápido me dio ánimos para continuar un poco más y llegar bajo la lluvia hasta Júpiter, que me enseñó que a partir de ese punto no podía hacer el recorrido en aquella primera visita. Seguir el recorrido es muy sencillo, el camino principal que avanza es siempre el del “Planetenweg” (El camino de los planetas), y si tenemos dudas habrá a menudo carteles amarillos donde nos dan información de por donde seguir, solo hay que saber que tenemos que seguir el que pone, precisamente, “Planetenweg”.


Júpiter ya no aparece incrustado en un pieza de metacrilato, sino que es una esfera de metal de 14 centímetros sobre la roca que lo presenta, y es el punto en el que nuestro recorrido campestre será más intenso y presente. Hasta Júpiter hemos podido demorar unos diez o quince minutos, dependiendo de lo que hayamos parado o la marcha que lleváramos; pero los que tenemos los datos del Sistema Solar en la cabeza sabemos que la distancia del Sol a Júpiter es igual que la que hay desde Júpiter hasta Saturno, por lo que si hemos recorrido algo menos de ochocientos metros para llegar aquí, llegar hasta Saturno nos va a costar otra vez la misma distancia. En mi primera visita sabía que no me daba tiempo llegar hasta Saturno por muchas ganas que tuviera de ver su maqueta con los anillos. Pero sí que lo conseguí en la segunda ocasión y desde luego en la tercera.


Hito de Júpiter.


En este punto del recorrido nos damos cuenta de que si estuviéramos viajando por el Sistema Solar de verdad, el viaje sería realmente aterrador y aburrido puesto que solo atravesaríamos un negro y silencioso vacío entre pequeñas esferas sin mayor aliciente, pero Suiza ofrece un paisaje de auténtico cuento en cada rincón, sonidos de pájaros y los bosques y campos que atravesaremos harán las delicias hasta del más urbanita anti-excursionista.


Una vista del recorrido con las torres de fondo.


Saturno se encuentra en el tope de una cuesta, no todo el camino es plano, pero merece la pena ver la maqueta que prepararon hace cuatro décadas y la magnitud de sus anillos. Aquí se vuelve a repetir la historia, si llevamos casi un kilómetro y medio para llegar hasta Saturno, no veremos un nuevo planeta hasta completar casi tres kilómetros de recorrido.


Saturno y el que suscribe en un posado conjunto.


Urano es más pequeño que los gigantes gaseosos pero le han dado un toque azulado que lo hace parecerse a las fotos de la Voyager 2. Recordemos que esta sonda tardó unos ocho años en alcanzar este planeta mientras que nosotros llevamos una hora y algo de recorrido.


Hito de Urano.


La sorpresa sobre lo que creemos saber llega con el siguiente hito, porque antes de alcanzar Neptuno nos encontramos con un detalle del Sistema Solar de Üetliberg que lo hace un magnífico divulgador de la astronomía. Antes de llegar a Neptuno, como decía, nos encontramos con el hito de Plutón. ¿Plutón? Sí, porque la órbita de este planeta enano es altamente excéntrica, colocarlo en su punto medio de distancia al Sol sería faltar a la verdad de la realidad, y lo comprobaremos más adelante. Este hito refleja el perihelio de Plutón, su punto de la órbita más cercano al Sol, que es muy diferente al más lejano. A unos cincuenta metros de este Plutón interior nos encontramos con Neptuno, al borde de un bonito y extenso campo de maíz. Es muy parecido a Urano pero este modelo no tiene el color azul y lo han dejado en un sencillo dorado.


Hito de Neptuno (en la arboleda de la izquierda está el "primer" Plutón).


Aquí acabaría el Sistema Solar si lo hubiéramos construido hoy (tal vez), puesto que Plutón no es más un planeta (bueno el recorrido también incluye a Ceres y siempre ha estado más claro que este elemento del cinturón de asteroids no era un planeta en toda regla). Pero como fue ideado a final de los setenta este sistema no solo incluye a Plutón sino que como hemos visto lo hace por partida… triple.


Si seguimos el recorrido antes de entrar en un bosque podremos ver las torres a lo lejos, a unos cuatro kilómetros de distancia. Allí está el Sol y en este punto nos podemos sentir como la Voyager tomando el “family portrait”, la foto que incluía a todos los planetas del Sistema Solar (sin Plutón) y en la que la Tierra era auténticamente un punto azul pálido flotando en un rayo de luz. Desde esta distancia es difícil imaginar una canica de un centímetro allá a lo lejos cuando casi algo de un metro como el Sol es prácticamente indistinguible a simple vista.

Vista hacia atrás después de Neptuno (las torres de partida se ven al fondo a la derecha).


Sin ponernos nostálgicos vamos a por las ultimas etapas. El bosque del que hablaba nos revelará escondido en él un teleférico (Felseneg) que desciende de la colina a las poblaciones cercanas a Zúrich donde se puede tomar el tren para regresar si lo deseamos; pero eso será cuando acabemos. Al salir del bosque un pequeño restaurante campestre y un mirador no deben distraernos de un hito en mitad de la carretera donde está contenido realmente Plutón en su órbita media. En el anterior Plutón que nos encontramos, en realidad no había pieza de metacrilato con el perdigón metálico porque la recompensa de ver Plutón se encuentra aquí. Pensemos que este perdigón que no llega a dos milímetros y medio, poco mayor que la Luna, fue vislumbrado en 1930 por un astrónomo americano (que se encontraba en aquella canica a seis kilómetros de distancia) y fue planeta durante más de setente años antes de ser degradado a planeta enano.


En este punto es donde acabé mi segunda visita al Sistema Solar a escala, debido a que el día anterior los integrantes de la expedición se encontraban cansados y aprovecharon el teleférico para rendirse sin saber que a pocos metros se encontraba el final con Plutón. Yo por mi parte regresé al día siguiente y terminé (eso sí, hice trampa porque volví en tren hasta el teleférico y retomé desde allí). Pero no seguí hasta el final como en esta tercera visita que os estoy contando.


En esta tercera ocasión era yo y mi resistencia, sin acompañantes, sin niños y bajo mi propia responsabilidad quien quería acabar, y la verdad es que fue fácil. El último hito, con la órbita más alejada de Plutón está a poco tiempo de recorrido del Plutón medio, y con él se alcanzan los siete kilómetros totales de recorrido desde el Sol tomando auténtica conciencia del tamaño de nuestro gran pequeño Sistema Solar.


Fin del trayecto.


Desde este lejano Plutón calculé donde quedarían las estrellas más cercanas y cuesta creer que la estrella más cercana (Próxima Centauri) en realidad se sale de escala, de la vista y de la Tierra, puesto que se encontraría a 30.000 kilómetros de distancia, junto a los satélites geoestacionarios si fueramos en vertical desde aquí. Ni que decir tiene que el centro de la Vía Láctea está a distancias ya poco comprensibles y para las que haría falta otro Sistema Solar a escala a otra escala distinta ya que nuestro centro galáctico lo encontraríamos cerca del Sol, pero la estrella de verdad, no el de la maqueta.


Desde aquí me sentí con fuerzas suficientes para hacer el camino de vuelta, cual cometa que se zambulle en el Sistema Solar, andando de nuevo y completar quince kilómetros de recorrido; fue un poco más duro debido al cansancio acumulado pero lo pude completar. Si no nos sentimos con ánimos podemos tomar el teleférico de Felseneg que baja a Adliswil y desde allí volver en tren a Zúrich.


Mi tercer paso por Üetliberg fue muy agradable, tonificante y algo exigente pero siempre interesante (quién sabe, puede que vuelva una cuarta vez). Desde hace más de una década he perseguido hacer algo parecido en Granada y sus alrededores. En el CEA de 2014 presenté un Sistema Solar a escala en Granada que iba desde el Parque de las Ciencias por el Salón hasta casi Cenes con todos los planetas incluidos (también diseñe uno que subía por la Cuesta de Gomerez hasta el Parque de Invierno), incluso hemos hablado desde la Sociedad Astronómica Granadina con algún ayuntamiento pero sin demasiado éxito. Yo mismo he diseñado y construido sistemas solares a escala portátiles que uso para divulgación en observaciones astronómicas (es que la idea me apasiona, ¿se nota?).


En este tiempo he visto cómo se han construido varios Sistemas Solares a escala por España en diferentes lugares y con muy buen gusto tomándonos la delantera. Estos modelos son un gran medio de divulgación de la ciencia y la astronomía (y un reclamo turístico) y nos conciencian realmente del tamaño del universo y del tamaño de nuestra malograda Tierra. Tal vez si todos recorriéramos un Sistema Solar a escala en nuestra vida las palabras de Carl Sagan sobre lo pequeños, insignificantes e importantes que somos entraran en escala en nuestra mente y nos darían una más acertada perspectiva al menos de…la vida, el universo y todo lo demás.


Jesús Carmona, miembro de la Sociedad Astronómica Granadina

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